SOY CUBA
Para un cinéfilo ávido de conocer nuevas películas y nuevos directores, la oportunidad de ver una película (oculta por 30 años) como Soy Cuba del director Mijail Kalatozov resulta una experiencia reveladora pues permite descubrir una obra experimental, curiosa y fascinante en más de un sentido.
Soy Cuba es visualmente deslumbrante por lo acrobático y coreográfico de sus movimientos de cámara (tomas en grúa en varias escenas); además, en ella se trabajan con maestría principalmente dos componentes del encuadre como los ángulos de toma y los movimientos de cámara ; en el caso de los primeros se observan: ángulos picados, contrapicados, picados perfectos, entre otros. Respecto a los segundos: panorámicas, travellings hacia delante, hacia atrás, travellings laterales, verticales, circulares, panotravellings, planos-secuencia etc. Dos ejemplos de lo expuesto son dos secuencias fundamentales en la película: la primera al inicio cuando la cámara se desplaza por todo el hotel de manera virtuosa. Y la otra, la más notable en toda la obra, el seguimiento que hace la cámara -mediante un plano-secuencia- de la gente que lleva el ataúd del estudiante asesinado por las fuerzas represivas del dictador Batista. Además, no puede obviarse la mención de la toma aérea con que se inicia la película que hace recordar a la toma aérea inicial de Tierra en trance del brasileño Glauber Rocha.
De otro lado, el trabajo que se hace sobre el campo visual es singular por el uso de grandes angulares que dilatan y distorsionan las imágenes creando en el espectador una sensación de extrañeza e incertidumbre. Soy Cuba tiene la capacidad de crear momentos alucinatorios al combinar lo visual con lo acústico.
Pero la película de Kalatozov es ante todo una epopeya fílmica que busca celebrar el triunfo de la revolución cubana y para conseguirlo recurre al realismo socialista llevándolo a extremos de delirio.
Lo kitsch y extravagante que es Soy Cuba en varios pasajes encuentra su contrapeso en la intensidad de las imágenes de la osada propuesta kalatozoviana. La presencia de lo kitsch en Soy Cuba es - en general- más que un defecto, un valor estético ya que dota a la obra de una atmósfera peculiar.
Finalmente, al terminar de ver una película como Soy Cuba, se siente la necesidad de querer seguir experimentando sensaciones cinematográficas tan únicas.
Para un cinéfilo ávido de conocer nuevas películas y nuevos directores, la oportunidad de ver una película (oculta por 30 años) como Soy Cuba del director Mijail Kalatozov resulta una experiencia reveladora pues permite descubrir una obra experimental, curiosa y fascinante en más de un sentido.
Soy Cuba es visualmente deslumbrante por lo acrobático y coreográfico de sus movimientos de cámara (tomas en grúa en varias escenas); además, en ella se trabajan con maestría principalmente dos componentes del encuadre como los ángulos de toma y los movimientos de cámara ; en el caso de los primeros se observan: ángulos picados, contrapicados, picados perfectos, entre otros. Respecto a los segundos: panorámicas, travellings hacia delante, hacia atrás, travellings laterales, verticales, circulares, panotravellings, planos-secuencia etc. Dos ejemplos de lo expuesto son dos secuencias fundamentales en la película: la primera al inicio cuando la cámara se desplaza por todo el hotel de manera virtuosa. Y la otra, la más notable en toda la obra, el seguimiento que hace la cámara -mediante un plano-secuencia- de la gente que lleva el ataúd del estudiante asesinado por las fuerzas represivas del dictador Batista. Además, no puede obviarse la mención de la toma aérea con que se inicia la película que hace recordar a la toma aérea inicial de Tierra en trance del brasileño Glauber Rocha.
De otro lado, el trabajo que se hace sobre el campo visual es singular por el uso de grandes angulares que dilatan y distorsionan las imágenes creando en el espectador una sensación de extrañeza e incertidumbre. Soy Cuba tiene la capacidad de crear momentos alucinatorios al combinar lo visual con lo acústico.
Pero la película de Kalatozov es ante todo una epopeya fílmica que busca celebrar el triunfo de la revolución cubana y para conseguirlo recurre al realismo socialista llevándolo a extremos de delirio.
Lo kitsch y extravagante que es Soy Cuba en varios pasajes encuentra su contrapeso en la intensidad de las imágenes de la osada propuesta kalatozoviana. La presencia de lo kitsch en Soy Cuba es - en general- más que un defecto, un valor estético ya que dota a la obra de una atmósfera peculiar.
Finalmente, al terminar de ver una película como Soy Cuba, se siente la necesidad de querer seguir experimentando sensaciones cinematográficas tan únicas.


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